El Arte del Decir (XXXIV)

Lo no dicho, lo apenas sugerido, lo que se intuye pero no se manifiesta son signos de presencia y quizás lo que da valor a la poesía. La alusión, que es una forma retórica insuperable, permite construir una multitud de significados (tantos como lectores) a partir de unas pocas líneas escritas. Al mismo tiempo, existe la intención del poeta y no debe ser abandonada, pero su impacto en la comunidad de los oyentes es tanto mas importante que sus intenciones y aparece por las significaciones que se dan a un poema. Pero me parece que la indicación mas profunda de una escritura está en lo que omite, en lo que los signos, trazados con despreocupación, indican sin decirlo, en aquello que el poema desliza, sin mencionarlo jamás. Y esto no es muchas o pocas palabras ya que hay alusión en poesías profusas como en haikus minúsculos. Lo importante es saber no decir, entonces, para lograr un buen poema.
Alfonsina Storni (1892-1938) es una poeta argentina de las mejores, al menos para mi gusto. En los poemas que publico hoy se encuentran el humor, la pena y la desesperación colocadas de manera profunda y precisa en cada uno de ellos.

Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Versos a la tristeza de Buenos Aires
Tristes calles derechas, agrisadas e iguales,
Por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
Sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
Me apagaron los tibios sueños primaverales.
Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
En el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
—¡Alfonsina!— No llames. Ya no respondo a nada.
Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
Viendo en días de otoño tu ciclo prisionero
No me será sorpresa la lápida pesada.
Que entre tus calles rectas, untadas de su río
Apagado, brumoso, desolante y sombrío,
Cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.

¿Qué diría?
¿Qué diría la gente, recortada y vacía,
Si en un día fortuito, por ultrafantasía,
Me tiñera el cabello de plateado y violeta,
Usara peplo griego, cambiara la peineta
Por cintillo de flores: miosotis o jazmines,
Cantara por las calles al compás de violines,
O dijera mis versos recorriendo las plazas,
Libertado mi gusto de vulgares mordazas?
¿Irían a mirarme cubriendo las aceras?
¿Me quemarían como quemaron hechiceras?
¿Campanas tocarían para llamar a misa?
En verdad que pensarlo me da un poco de risa.
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