El Arte del Decir (XXXIII)
No es difícil reconocer que estamos hechos de palabras. Una palabra nos conmueve, nos alegra, nos sume en la desesperación o en la confianza mas infinita. Pero eso no es todo, mas acá de las palabras que, sin sentido alguno, nos zumban como oscuros enjambres, hay un objeto que no se mueve. Que permanece fiel e ignorado en nuestras vidas. Que se sostiene en nuestro silencio o en nuestro palabrerío. Que, en suma nos contiene y nos define. Ser poeta, creo, no es sólo elegir las palabras mas novedosas, bonitas o escalofriantes para nuestros poemas, sino decidir el silencio entre ellas, la alusión que esconde otro destino, el mutismo, apenas sugerido. Indicar sin vergüenza, ni soberbia alguna, esa zona de silencio que nos constituye y nos hace, duramente, únicos.
Gary Snyder (1930) es un poeta norteamericano frecuentemente asociado a la Beat Generation, cuyo conocimiento del budismo zen es profundo (al punto que pasó siete años en un monasterio en Japón, practicándolo), pero su palabras son decididamente occidentales. De esa combinación surge una poesía narrativa e inquietante, tal como se desprende del ultimo verso del primero de los escritos aquí presentados.
Lo que debes saber para ser poeta
todo lo que puedas sobre animales y personas.
los nombres de árboles y flores y hierbas.
nombres de estrellas y los movimientos de los planetas
y la luna.
tus propios seis sentidos, con una mente observadora y
elegante.
por lo menos un tipo de magia tradicional:
adivinación, astrología, el libro de los cambios, el tarot;
sueños.
los demonios ilusorios y los resplandescientes dioses
ilusorios;
besarle el culo al diablo y comer mierda;
coger con su verga caliente y barbuda,
cogerse a la bruja
y a todos los ángeles celestiales
y doncellas aromáticas y doradas—
& entonces amar lo humano: esposas maridos y amigos.
juegos de niños, historietas, chicle-bomba,
las rarezas de la televisión y la publicidad.
trabajo, largas secas horas de trabajo devoradas, aceptadas
y vividas y finalmente amadas. agotamiento,
hambre, descanso.
la salvaje libertad de la danza, éxtasis
solitaria silenciosa iluminación, éstasis
peligro real, juegos de azar, y el filo de la muerte.
Anotación de Kyoto
Ella dijo que vivió en Shangai cuando niña
Y se cambió a Kobe, y después a Kyoto, durante la guerra;
Mientras se ponía un delgado sostén blanco.
Me encaminó a la escalera y todas las chicas
Seria y educadamente dijeron cuídate,
afuera del burdel en el frío aire nocturno.
(traducción de
Luis Cortés Bargalló y Andrés
King Cobos)

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