El Arte del Decir (XXV)


¿Los poetas son seres normales? La pregunta, impudorosa, viene a cuento de tantas señoras y jovencitos atormentados que la hacen (generalmente) en recitales y presentaciones de libros. La respuesta que se precia, la que vale es que nadie es normal, si por normal entendemos a alguien sujeto a las normas. Pero además de esta conviene investigar la anormalidad poética, es decir la que hace que un/a  poeta pase horas buscando una palabra o una frase para completar un verso o bien se inquiete ante variaciones del lenguaje que pasan desapercibidas para otros. En cualquier caso, esa capacidad de vérselas con las palabras (las heredadas, las comunes, las especiales, las inventadas) no es ni hereditaria ni producto del encuentro del desventurado poeta con un ángel, ni tampoco un efecto del peso de las masas sociales sobre el individuo. Mas bien parece una enfermedad que afecta a la lengua (la común, la que se habla, la que nos habla y la heredamos) por el cual ella misma engendra estos desventurados sujetos. Un escritor se crea por la combinación de numerosos factores a los que se agrega la construcción de un gusto personal, que es la manera singular en que habita la lengua. Su "locura" no es mas que ese modo, su "excentricidad" no es más que esa forma de existir. Lo mismo se puede decir de un carpintero, un físico, una médica, una ingeniera. Solo se distingue que el poeta sabe hacer cosas con las palabras. No es poco, pero tampoco es para creerse un iluminado.

Kostas Vrachnós, nacido en 1975 en Kalamata, Grecia, es un poeta, ensayista y traductor que a sus licenciaturas en Teología y Filosofía, agrega un doctorado en esta ultima. Amigo y traductor de numerosos poetas españoles, me agrada su forma liviana de transitar las palabras, con humor y profundidad.


LA CASA DE MIS PADRES 

A Juan Vicente Piqueras

 

¡Cómo olvidar la casa de mis padres!

El naranjo -¿o era un limonero?- en la entrada,

la gran puerta de hierro -¿o era de madera?-,

el timbre anónimo que jamás funcionó,

las ventanas blancas -¿o eran tirando a gris?-,

las paredes, el techo, el suelo, ay, el suelo, el balcón,

los arañazos de las palomas en las verjas.

Cómo olvidar las distancias entre las muebles

y los ruidos escondidos,

el altillo -¿teníamos altillo?- con los adornos navideños,

la bodega -pero, ¿teníamos bodega?- con los vinos

que no bebimos y se pusieron amargos,

el jardín -pero, ¿teníamos jardín?- con el papagayo

que enterramos un mediodía.

Cómo, entonces, olvidar el olor a mi madre -¿o a quemado?-

en la cocina, con la nevera que asustaba a la gata negra,

la nevera que como todas las neveras

estaba caliente por detrás.

Y, al fin, cómo olvidar el parvulario de enfrente,

¿o era un cementerio?


MI CORAZÓN   

 

Mi corazón se hincha, duele todo el tiempo, está a punto de estallar, se escabulle.

Mi corazón -repito- olla a presión -sí- olla a presión.

Mi corazón sandía, globo, carroña en la cuneta.

Mi corazón, impresentable, estrecho de miras, sin duda carmesí.

Mi corazón, ahí por el pecho o esternón o tórax o alrededores, llámalo como quieras.

Mi corazón, preñado de otra bilis, purpúreo de oprobio.

Mi corazón, coraza acribillada, mi clepsidra desierta, cuánto duele imaginar.

Mi corazón se parece al de otros, al de todos, pero también al mío.

Mi corazón timbal, tambor, pandereta, batería, tam tam, gong, y nadie baila.

Mi corazón respira, se hace el tonto, no aguanta, habrá que hacer algo.

Mi corazón, mis padres, mis hermanos, mis amigos.

Mi corazón más, más rápido, peor, mucho mejor antes.

Mi corazón, por qué una cosa, por qué otra, cómo fue, ay de nosotros.

Mi corazón, socorro, un médico, un médico -qué digo- un apicultor.

Mi corazón, voz de mi aullido, puente que da vergüenza.

Mi corazón, el sol brilla, los niños ríen, los perritos corren, qué hermoso.

Mi corazón, qué pronto se hizo tarde, qué pronto se hizo invierno.

Mi corazón, me parece que hay problema de verdad.



Comentarios

Entradas populares de este blog