El Arte del Decir (XXVIII)
Por suerte un real habita cualquier buen poema. Y digo los buenos, porque a los malos los habita una voluntad del yo. Ese real insiste de muchas maneras y siempre trata de escribirse, aunque no lo logra. Y es también una suerte que eso sea imposible ya que de esa manera paradojal se explica que la poesía siga viva, se reproduzca y se lea (aunque sea poco).
Que sorprendente es que lo imposible de una acción engendre su repeticion muchas veces novedosa! Es que escribir es tener una clara conciencia de eso imposible, sin dolor, sin sufrimiento, sin nostalgia. Empeñarse una y otra vez en decir, sin lograrlo plenamente. Nuevamente repito, que suerte ese fracaso que en definitiva es el triunfo de cualquier literatura y muy especialmente de cualquier poema.
Eva Luka es el pseudónimo literario de Eva Lukáčová, nacida
en 1965 en la que hoy es Eslovaquia, en los Balcanes. Sus escritos muestran una vibración lirica que no es banal ni excesiva. Al mismo tiempo véase en el segundo poema el toque siniestro que no deja de ser atractivo aunque nos estremezca levemente.
Retorno a las islas
Mientras duermo, mi pensamiento nocturno
me abandona y pasea
en torno al estanque, a los verdosos
nidos de las ranas, les habla, pregunta
a cada una de ellas de qué
va su pequeña vida en la charca. Este paisaje
no me resulta extraño. La luna, inmensa
como un dirigible, está pendiendo de un hilo.
Bajo su blanco globo, igual que siempre,
un conejo sonriente muele sin cesar
la píldora de la inmortalidad.
De mañana me despierto cuando un petirrojo
irrumpe en mi cuarto, batiendo las alas
revolotea en el sitio. Siento dolor
como si me hirieran: como cuando a la belleza
sigue faltándole algo.
El grito del pavo real
De vez en cuando, mami, en tu amor se mezcla
una fruta amarga, la fruta de bayas mortales
tras la cual ya sólo hay la leve envoltura de la oscuridad. Entonces
apoyas en la mesa tu cabeza fría, esperas
a que el árbol más cercano del jardín tienda hacia ti
sus mangas de múltiples capas a través de la ventana.
Por el piso fregado pasan corriendo
pequeños hombrecillos de luto, aquellos que vivían con vosotros
en la casa del jardín; cada año redondo, acabado,
lo engarzan en un hilo a manera de joya. Llévala con orgullo, con rostro
de antigua diosa, y recuerda los tiempos cuando te despertabas
con un hijo nuevo cada vez en el vientre, una y otra vez
recibiendo los misterios de la fecundidad, las judías
blancas y negras.
Sigue sentándote a la mesa limpia, busca el agua
en el fondo de las bolas de cristal; deja que el viento te suelte
los cabellos, serán nuevamente como pelaje de potros, marrón claro y ligero.
Y no te asustes si alguna vez en sueños
escuchas el áspero grito del pavo real: es sólo mi amor muerto
que del fondo de la noche te saluda.

Comentarios
Publicar un comentario