El Arte del Decir (XXV)
Las preguntas que el amante dirige a la amada resultan siempre cruciales en esto del amor. Quiero aclarar que "amante" o "amada" en este escrito no designan sexo alguno, sino simplemente posiciones disimétricas en el ejercicio amoroso. En verdad, las preguntas lo son todo y rara vez una respuesta se vuelve inolvidable. Hay que decir que cuando esto sucede, el milagro y el misterio del amor se instala sin vacilación alguna. Amante y amado se entretejen en una intento imposible de fusionarse que, al final, resulta terrible para el sentimiento mismo. En este sentido es mejor tener una distancia, una sensación enigmática, una pregunta siempre a disposición que permita no ser Uno, aunque se lo pida con vehemencia, para que nuestros amores duren, al menos un poco mas, unos instantes más.
Le Ngoc Ninh, poeta vietnamita, transita estas perplejidades con el animo lirico intacto, lo cual lo convierte en un testigo importante. Al mismo tiempo una sutil ironía se desliza por sus poemas dando al enamorado el ropaje de la mentira y las lamentaciones para conseguir su amor. También esta la alegría del encuentro, cuya fugacidad la hace apta para un poema.
Un amante vegetariano
(Para: DM)
Desde hace mucho
Mi corazón gritaba
¿Dónde estabas?
¿Por qué me has dejado solo en la intemperie?
El signo de interrogación se transformó en una guadaña
Abatió mi corazón y lo arrancó.
En el desarreglo de mi corazón
Tu cara emergió y se desvaneció.
Soy un amante vegetariano
Sin ti, mi vida se ha vuelto insípida.
La solitaria vida del celibato
Me arrojó al santuario de Buda.
El corazón se rapó la cabeza
La sangre tejió la túnica kashaya
¡Toc! ¡Toc! y ¡Toc! ¡Mi amor!
¿Te rezo a Ti? ¿O rezo a Buda?
Las mil manos y los mil ojos de Buda
Florecen en la fragancia del incienso
Él me mira adusto:
«¿Por qué tu corazón no es honesto?»
Avergonzado, bajé la cabeza…
La tercera noche
En la primera noche
En silencio, estábamos uno al lado del otro
Queríamos decir tantas cosas
¿Por qué las mantuvimos ocultas en nuestros corazones?
En la segunda noche, silenciosa y silencioso
Los ojos se querían encontrar, los corazones querían decir
Sólo una cosa,
Desde el primer día, cuando ambos estábamos confundidos
¿Por qué no lo dijimos de una vez?
Dudaba, pero luego conté apresuradamente la luna y las estrellas.
Y tú fingías arrancar hojas de hierba
En la mitad de una noche de luna y fulgor
La palabra Amor seguía ocultándose
¿Cómo podíamos permanecer en silencio?
¿Engañábamos a nuestros limpios corazones?
Tantos pensamientos se agolpaban
Desbordándonos
Te amaba tanto, pero no me atrevía a decirlo en voz alta.
Lo sabías, por supuesto, pero eras una mujer.
La tercera noche, súbitamente, me senté muy cerca de ti.
La noche palpitaba tan fuerte como el pulso de nuestros corazones
No sabía por qué me aferraba desesperado a tu cuerpo.
Con furor, hundiste tu cuerpo en el mío.
Nuestros mil poros se despertaron
La noche giraba y giraba a lo largo de la hierba enredada a nuestros pies.
El viento se llevó suavemente la túnica
Exponiendo
A la blanda y vaporosa luna
Y a dos pájaros mansamente
Acurrucados en una profusión de hojas
Que escuchaban a la felicidad llover en la zona de paz.
El amor siguió floreciendo después del primer instante.
Traducción al inglés: Linh Vu
Traducción al español: Mariela Cordero.

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