El Arte del Decir (III)

Es verdad, las palabras bordean un inasible, algo que no se puede decir. Si no, por qué habría tantas escrituras, tantos poemas, tantos cuentos? Freud, que algo sabía de esta capacidad de la lengua para jugar sobre sí misma y sobre un vacío, escribió que "las palabras del poeta son obras" y extrajo de ello la posibilidad de un obrar decidido y ético. En este punto, les presento a una de las escritoras argentinas mas finas y enigmáticas: Silvina Ocampo, cuya obra se ha visto revalorizada en los últimos tiempos, sobre todo gracias a una precisa biografía de Mariana Enriquez. Ademas de una prosa inquietante, evocativa y magnifica, Silvina Ocampo es una poeta secreta, ya que no ha trascendido de igual manera por sus bellos y misteriosos poemas.
El que presento aquí es un poema de una gran complejidad alusiva ya que es imposible saber bien de qué se habla en él y por eso mismo lo considero una pieza maestra. Se trata, me parece, de una evocación de algo perdido, entre el cruce de las pisadas y las palabras. Se trata de algo aludido con tanta delicadeza como sólo puede hacerlo la voz de una mujer.
Las huellas
A orillas de las aguas recogidas
en la luz regular del suelo unidas
como si juntas siempre caminaran,
solas, parecería que se amaran,
en la sal de la espuma con estrellas,
sobre la arena bajo el sol las huellas
de nuestros pies desnudos
tan lejanos, y mudos.
Dejando una promesa dibujada
nuestra voz entretanto ensimismada
se divide en el aire y atraviesa
la azul crueldad de la naturaleza
mientras solos cruzamos
la playa y nos hablamos.
Silvina Ocampo
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