El Arte del Decir (II)
¿Por que nos importaría el decir y no el dicho? ¿Que hace que nos fijemos en las formas, en los silencios, en lo aludido, en lo evocado y no en lo efectivamente pronunciado? ¿Qué es ese oficio en el que parecen coincidir el psicoanalista y el poeta, aunque difieren en los usos que darán a sus descubrimientos? Ya que el segundo vela con la apelación a cualquier forma de belleza literaria la verdad que allí aparece y el primero deja reposar lo que de real subsiste en cualquier dicho, el acto y las circunstancias del decir, para que el sujeto que lo ha balbuceado sepa que es lo que está diciendo y saque sus consecuencias.
Estas palabras pretenden introducir una acción como es la publicar a grandes poetas, guiado solamente por el gusto de la literatura y la verdad de su enunciación.
Tal fue el caso de Joseph Brodsky. Nacido en San Petersburgo en 1940, su condición de poeta disidente lo llevo a una condena a trabajos forzados en 1964 y a ser expulsado de su país en 1972. En 1987 recibió el Premio Nobel de Literatura, falleciendo en 1996 en la ciudad de Nueva York.
El poema que presento muestra esa subordinación de un poeta a la lengua, subordinación que, lejos de atenuar su acción, la destaca y ennoblece. En cierta forma es el producto de esa pasión por la escritura, a saber, los versos, lo que justifica y anima una existencia. Así un sujeto se explica por su obra y no a la inversa. Una lección para muchos escritores, que llega, esta vez, desde las estepas.
Epístola para los versos
"Os aburrís, mis versos, en el cajón"
Cantemir
No queréis dormir en la gaveta. En seguida
replicáis: "Siendo sanos
es una tortura retorcerse en la tumba".
Os dejo ir. Ni modo. Es un pecado
que el derecho inhiba la libertad.
A mí me basta con otros: quiero decir,
no con otros versos, sino pecados.
Compongo cada vez menos. Incluso
hace poco se me olvidó hacer
una cara agria a la pregunta:
"¿Como van los versos?
¿Estás agregando mas luces
a la fama?. Yo digo que si, que agrego.
Y vosotros me abandonáis. Que Dios os dé
aquello que para mi es tarde esperar.
Digo, esperar la felicidad. No importa
que yo mismo os haya hecho.
Tomaremos caminos distintos:
vosotros iréis a la gente,
y yo, allá donde estaremos todos.
Adiós mis versos. Enhorabuena.
No tema por vosotros: hay un recurso
para que aguantéis un largo camino.
Queridos versos: en vosotros
puse mi corazón. Si caéis en el Leteo,
soy el primero que se pondrá de luto.
Pero entre las dos monturas,
para la perla escojo esta
decididamente.
Vosotros sois más bellos, más buenos.
Sois mas durables que mi cuerpo.
Sois mas sencillos que mis amargos pensamientos,
lo cual también os dará fuerzas, oh mis reliquias.
Creo que por todo ello se os amará más
que ahora a su creador. Y siempre tendréis
las puertas abiertas de par en par.
Pero así, no me siento como un triste mendigo:
yo solo podré entrar en una puerta.
Vosotros entraréis en mil.
(1967)
Traducción de Tatiana Bubnova

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