El Arte del Decir VI
Rodeados por la muerte, ejercemos la vida. Tal era la sentencia de Sigmund Freud, cuando en Mas Allá del Principio del Placer introdujo nuestro fin, en nuestro principio, nuestra caducidad en la juventud de nuestras obras, el silencio final como telón de fondo para las atronadoras palabras. Sin remordimiento, sin excesivas lagrimas, es posible afrontar la muerte que nos habita y nos constituye. De algo de eso tratan la poesía y el psicoanálisis.
Toriko Takarabe [Niigata, 1933], pasó la niñez en la Manchuria china invadida por los japoneses y tras la invasión soviética huyó a Tyoshun, donde sobrevivió disfrazándose de
niño durante un año. En su elegía se vierte con sencillez un dolor que de otra manera podría cegar. Para evitarlo, ella pone ante sus ojos la figura de su hermana pequeña, desaparecida ya, pero recuperada precariamente por un recuerdo y unas sentencias que evocan, oscuramente, lo que no es posible recuperar, lo que hemos de dejar atrás para seguir viviendo.
La muerte que siempre veo
Vestida de azul celeste,
mi hermana aparecía y desaparecía en un bosquecillo.
Con una flor de peonía, casi del tamaño de su cara,
mi hermana, ay, se cae debajo del puente.
Al fondo de ese río del valle lejano,
permanezco despierto,
para recogerla en mis brazos.
Una herida azul
atraviesa mis brazos
Desorientadas por un fuego corredizo que viene del campo,
ya ni mi hermana ni yo nos encontramos allí.
Un grito sollozante que se escucha
en medio de los maíces no es mío.
Al despertarme,
me doy cuenta:
abandoné a mi hermana
en la inmensa garganta del sueño.
Ya no volveré,
no volveré jamás
Pero ¡corre, corre!
Se me abre la herida a medida que corro,
se me abre con color de peonía,
y me muero, me muero muchas veces.
Tras mi muerte,
mi hermana se esconde en el bosquecillo,
donde hay un nido de pájaros.
Se la tragó la corriente amarilla del Río Tangwang
De repente me despierto.
No podré volver, no quiero escuchar un disparo
en medio del sueño con los restos de un grito sollozante.
(A mi hermana pequeña, que murió como refugiada)
Traducción de Ryukichi Terao

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