El Arte del Decir V

No la felicidad que como dice Lacan se ha convertido en un factor de la política y es un sueño donde se despierta uno siempre angustiado, sino la alegría, un afecto que Descartes había colocado como central y que hemos olvidado bastante. La alegría cuya transitoriedad es la justa para no distraernos demasiado y cuyo temple es el necesario sobre todo en momentos difíciles. Esa es una pasión que conviene, entre otras.
Justamente Antonio Cisneros, poeta peruano contemporáneo (1942-2012) es el que viene a recordarnos ese ánimo con dos pequeños poemas suyos que colocan una alegría socarrona en nuestras vidas. Cisneros formó parte de la "Generación del 60" y fue condecorado con importantes premios literarios tales como el Nacional de Poesía, el Casa de las Américas y el Iberoamericano de Letras José Donoso.
LA ARAÑA CUELGA DEMASIADO LEJOS DE LA TIERRA
La araña cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra -o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva,
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros sobre los gordos pastos
antes de que me entierren,
y ésa será mi habilidad.
NATURALEZA MUERTA EN INNSBRUCKER STRASSE
Ellos son (por excelencia) treintones y con fe en el futuro.
Mucha fe.
Al menos se deduce por sus compras
(a crédito y costosas).
Casaca de gamuza (natural),
Mercedes deportivo color de oro.
Para colmo (de mis males) se les ha dado además por ser eternos.
Corren todas las mañanas (bajo los tilos)
por la pista del parque y toman cosas sanas.
Es decir, legumbres crudas y sin sal,
arroz con cascarilla, agua minerales.
Cuando han consumido todo el oxigeno del barrio
(el suyo y el mío)
pasan por mi puerta (bellos y bronceados).
Me miran (si me ven)
como a un muerto
con el último cigarro entre los labios.
Antonio Cisneros
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