El Arte del Decir (200) Con esta publicación, daré fin, por ahora, a el Arte del Decir. No porque me haya cansado su armado durante los cuatro años que duró, sino porque me parece que cierta forma de renovación es también el sentido de una obra más acabada. Tal como sucede con la poesía, que he comentado a lo largo de este tiempo, el arte de escribir necesita sin duda, de no quedarse en una fórmula que se repita interminablemente. Toda poesía es también una sorpresa, no sólo para los lectores, sino que debe serlo también para el escritor, que, trata de no volver siempre a lo mismo, aun cuando los rasgos centrales que la lengua ha impreso en él, son imposible de evitar. Entonces, a mi entender, es preciso sortear el obstáculo de lo mismo pero sin entrar en en el desfiladero del cambio sin sentido. Entre Heráclito y Parménides, está para mi gusto algo del poema donde, aun cuando se reconocen en él los trazos del escritor, también se destaca una novedad que lo hace legible. Ci...